Capítulo 50. El veneno de la intelectual.
El ácido le quemó la garganta.
Víctor tosió con violencia. Escupió bilis amarga en el inodoro de porcelana negra de la suite. Su estómago se contrajo en un espasmo brutal, exprimiendo hasta el último rastro de líquido en su sistema.
Apoyó las dos manos en el suelo de mármol frío. Respiraba por la boca de forma errática. Buscaba aire desesperadamente. Su pecho inmenso subía y bajaba con fuerza, golpeándole las costillas. Un sudor fino, helado y espeso le cubría la frente y el cuello.
Se puso de