Capítulo 49. La cacería está a punto de empezar.
Mariana asintió de forma lenta. Sus ojos oscuros fijos en la pared blanca no parpadearon. La información técnica que le acababa de dar el magnate cuadraba perfectamente con cada uno de los cálculos de probabilidades que su mente había trazado desde la noche de la montaña.
—¿Y qué más? —presionó ella.
El magnate bajó la mirada hacia los ojos oscuros de la mujer.
—Tú —soltó Alexander. La palabra golpeó el aire del cuarto estéril—. Su obsesión biológica por ti. Le rompiste el ego en esa cabaña. Le