Capítulo 53. La llegada del cazador.
Levantó su mano derecha enguantada. Hizo un gesto corto y seco.
Los dos hombres que la escoltaban bajaron las manos de sus armas y retrocedieron dos pasos.
—Bien jugado por ahora —concedió la mujer rubia. Su rostro volvió a ser una máscara de mármol perfecta—. Pero esto no termina aquí. Cuando Víctor descubra que tú la tienes escondida bajo tu techo, Alexander, no te va a atacar con embargos. Te va a arrancar el corazón con sus propias manos.
—Que se atreva a cruzar mi perímetro —desafió el mag