Capítulo 54. La sangre es espesa.
El dedo índice de Mariana apretó el gatillo a fondo. Cero dudas. Cero temblor. Pura resolución asesina.
El estruendo del disparo automático rompió el aire del patio exterior. El sonido fue ensordecedor. Seco. Violento. Un chispazo de fuego amarillo brotó de la boca del cañón del fusil de asalto.
El culatazo del arma larga pateó hacia atrás con una fuerza brutal.
El metal duro se estrelló contra el hombro derecho de la intelectual. El impacto físico le sacudió la clavícula. El dolor le bajó por