Lunes. Dos semanas después de establecer la distancia forzada.La demanda de los Larraín contra Santiago Capital había avanzado formalmente. Los abogados de la empresa me citaron a una reunión urgente a primera hora de la mañana.Rodrigo Mendoza, el CEO, estaba ahí junto con la jefa de legal, Patricia Vega, y dos abogados externos especializados en litigios corporativos.—La demanda es seria —dijo Patricia sin preámbulos—. Alegan conflicto de interés material, uso indebido de recursos corporativos, y daño reputacional por asociación con un escándalo público.—Ninguna de esas acusaciones tiene fundamento real —argumenté—. Mi matrimonio con León es personal. Nunca usé recursos de Santiago Capital para la investigación. Y el escándalo público es resultado de exponer crímenes reales, no de difamación.—Lo sabemos —dijo uno de los abogados externos—. Pero los Larraín no necesitan ganar el caso. Solo necesitan crear suficiente presión para que Santiago Capital decida que eres más problema q
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