Martes por la mañana. Segundo día con Carlos Moreno como mi sombra constante.Era inquietantemente bueno en ser invisible. Caminaba tres pasos detrás. Se sentaba en el café cercano cuando yo estaba en reuniones. Nunca hablaba a menos que fuera necesario.Pero siempre estaba ahí.Mauricio me llamó a su oficina apenas llegué.—Legal y seguridad del edificio revisaron las cámaras del fin de semana. Necesitas ver esto.Me llevó a la sala de seguridad donde el jefe de seguridad del edificio, un hombre mayor llamado Héctor Vargas, ya tenía las grabaciones listas.—Hay algo raro aquí —dijo Héctor—. Muy raro.—¿Qué encontraron?—Mira esto. Sábado a las tres de la tarde.La pantalla mostraba la entrada principal del edificio. Una persona entraba. Completamente cubierta. Gorra de béisbol calada hasta los ojos. Bufanda cubriendo la mitad inferior de la cara. Lentes oscuros. Ropa oscura y genérica.Imposible identificar género, edad, o cualquier característica distintiva.—¿Cómo entraron? —pregun
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