Jueves por la noche. Finales de marzo.
La fiscalía había logrado una victoria importante. Patricio Larraín había sido citado oficialmente a declarar bajo juramento la próxima semana. Sus abogados habían intentado bloquearlo, pero el juez había rechazado todas las mociones.
León me había llamado durante el día para darme la noticia. Habíamos hablado brevemente, profesionalmente, manteniendo la distancia que habíamos establecido tan cuidadosamente.
Pero cuando llegué a casa esa noche, encontré un