Martes por la tarde. Inés había llamado pidiendo vernos para hablar.
No a León. A mí. Específicamente a mí.
Lo cual era simultáneamente halagador y aterrador.
Nos encontramos en una cafetería cerca de su universidad. Llegué diez minutos temprano por nervios. Ella llegó exactamente a tiempo.
—Hola —dijo sentándose frente a mí con expresión que no supe interpretar.
—Hola. Gracias por querer hablar.
—Gracias por venir. Sé que esto es raro.
—Un poco. Pero está bien. ¿Qué querías hablar?
Inés juguet