Jueves por la mañana, desperté en el hospital con el brazo vendado y León dormido en una silla junto a mi cama, su mano todavía sosteniendo la mía incluso en el sueño, como si tuviera miedo de que desapareciera si me soltaba.Me moví ligeramente y él despertó de inmediato, sus ojos me buscaron con urgencia antes de relajarse al verme despierta.—Buenos días —dije con voz ronca.—Buenos días, no deberías moverte todavía, el doctor dijo que necesitas descanso.—Estoy bien, es solo un rasguño.—La bala te atravesó el brazo, Abril, eso no es un rasguño, perdiste mucha sangre y estuviste en shock cuando llegamos al hospital.Recordé fragmentos, la ambulancia, las luces, los paramédicos trabajando en mi brazo mientras yo temblaba incontrolablemente, León a mi lado repitiendo una y otra vez que estaba bien, que había terminado, que estaba a salvo.—¿Cuánto tiempo estuve dormida?—Catorce horas, te sedaron para suturarte, la herida era más profunda de lo que pensaban.—¿Y Ricardo?—En custodi
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