Viernes por la mañana. Una semana después de las cuarenta y ocho horas.
La vida había caído en rutina extraña. Todos seguíamos en la casa. Marcela. Inés. Sara y Bruno rotando entre su casa y la nuestra. Seguridad constante. Esperando.
Ricardo seguía prófugo. Patricia llamaba cada dos días con actualizaciones que no eran actualizaciones. "Seguimos buscando." "Tenemos pistas." "Paciencia."
Pero la paciencia se estaba agotando.
Me vestí para ir a Santiago Capital. Primera reunión presencial con Ro