La oficina de Bruno era un caos organizado. Pizarras blancas cubiertas de nombres conectados con flechas. Fotos impresas pegadas en las paredes. Documentos esparcidos por todas las superficies disponibles.—Bienvenida a mi centro de operaciones —dijo cerrando la puerta detrás de mí—. ¿Café?—Necesito algo más fuerte que café.—No tengo alcohol aquí. Pero tengo Red Bull.—Me sirve.Me entregó una lata y señaló hacia la pizarra más grande.—Esto es lo que encontré.El organigrama era incluso más complejo que el que Rodrigo me había mostrado. Cristóbal Mendoza en el centro. Líneas conectándolo con docenas de nombres. Y ahí, claramente marcada en rojo, una línea gruesa que iba directamente a Patricio Larraín.—Cuenta offshore compartida —dijo Bruno señalando documentos bancarios—. Cristóbal y Patricio como co-titulares. Transferencias que datan de hace veinticinco años.—Veinticinco años. Antes de que mi padre muriera.—Exacto. Lo que significa que cuando asesinaron a tu padre, Cristóbal
Leer más