El mundo se volvió blanco.No fue un sonido lo primero que percibió Sofía, sino una onda expansiva que le vació los pulmones y la lanzó de espaldas contra las maderas crujientes del muelle inferior. Un milisegundo después, el rugido de la estación de bombeo al estallar desgarró la noche. El fuego, una columna de naranja furioso, desafió a la lluvia torrencial, iluminando el lago con una luz sobrenatural y macabra.Sofía se quedó inmóvil, con el rostro pegado a las tablas húmedas, mientras trozos de metal y hormigón caían como meteoritos sobre la superficie del agua. El calor era sofocante, un contraste violento con el frío glacial que la había envuelto minutos antes.—Elliot… —el nombre salió de sus labios como un susurro roto, apenas un aliento entre el humo.Se incorporó con dificultad, sintiendo que el mundo giraba. La estación ya no existía. En su lugar, un esqueleto de hierro retorcido escupía llamas hacia el cielo negro. La mochila con el servidor pesaba como una losa, pero ya n
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