La cena familiar en la mansión Castellanos era un evento fúnebre con manteles de lino. A la luz de las velas, los rostros de los parientes lejanos, tíos y primos segundos, parecían máscaras de cortesía. Luna, sentada junto a Mateo, sentía el peso de las miradas evaluadoras. Marta presidía la mesa con dignidad rígida, mientras Javier, a su derecha, dirigía la conversación con la autoridad de un rey.Fue durante el plato principal cuando Javier, con la suavidad de un cirujano que hace un corte, sacó el tema.—La familia es lo más importante —dijo, alzando su copa de vino tinto—. Su continuidad, su fortaleza. Por eso es tan doloroso cuando un miembro… se desvía. Cuando pone en riesgo nuestro legado por caprichos o influencias ajenas.Todos los ojos se volvieron, discretamente, hacia Nico, que estaba sentado más abajo de la mesa, junto a su madre pálida.—Padre, por favor… —intentó Nico, pero Javier lo ahogó con su voz.—Mi hijo, Nicolás, ha estado tomando decisiones preocupantes. Consint
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