La cena familiar en la mansión Castellanos era un evento fúnebre con manteles de lino. A la luz de las velas, los rostros de los parientes lejanos, tíos y primos segundos, parecían máscaras de cortesía. Luna, sentada junto a Mateo, sentía el peso de las miradas evaluadoras. Marta presidía la mesa con dignidad rígida, mientras Javier, a su derecha, dirigía la conversación con la autoridad de un rey.
Fue durante el plato principal cuando Javier, con la suavidad de un cirujano que hace un corte, s