El apartamento seguro parecía más pequeño, más opresivo, después del desastre de la asamblea. Luna, sentada en el borde del sofá, miraba al vacío, las lágrimas ya secas dejando surcos salados en sus mejillas. La traición de Pablo quemaba más que todas las acusaciones falsas de Javier.
—Era la familia —murmuró, su voz rota—. La única familia que me quedaba, aparte de Ana y tía Clara. ¿Cómo pudo hacerlo?
Mateo se sentó a su lado, su presencia sólida y calmante. No la abrazó, sabiendo que en ese m