Quien me espera.
Lo único que me pasaba por la cabeza era que mi madre me reprendería fuertemente por tardar tanto.
Ni modo, ya empezaba a oscurecerse. Por la ventana se podía ver que la luz no daba igual. Sin embargo, no había podido irme.
El padrecito no simplemente le había bastado con follarme dentro del baño, debajo del agua, cayendo sobre nuestros cuerpos. También había seguido follándome minutos después de ayudarme a secar el cuerpo, sobre las sábanas revueltas.
Finalmente, luego de pensarlo un montón,