La corderita se escapó.
« ¡Mia... mía! » Susurró mi lobo escorpió hasta lograr despertarme.
En medio de la oscuridad que probé al abrir los ojos, si algo sentí fue el olor de mi mate. Su olor estaba en todas partes aunque no sentí su piel suave pegada a la mía.
Tente el espacio vacío de la cama donde se suponía que debía estar ella.
—Te fuiste... corderita.
Murmuré aquellas palabras en voz baja, dejando que el silencio las devorara. No necesitaba verla para saber que había escapado mientras yo dormía. Bastó aqu