Capítulo 129.

Se hallaba en la casa de Gabriel.

Elena no había dejado de mirarlo con total atención desde ese maldito día en la habitación de los bebés. Todo en Gabriel parecía tan normal, tan transparente.

Se mostraba como todo un artista apasionado que no tenía absolutamente nada que ocultar.

Llevaba puesta su braga de trabajo, manchada de pintura fresca, y una sonrisa tranquila en el rostro.

Pero la semilla de la duda ya estaba sembrada y echando raíces en su cabeza.

¿Por qué el nombre de este humilde pin
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