En un lugar muy apartado y discreto de la ciudad, el ambiente estaba cargado de una tensión irrespirable.Liam Jones caminaba de un lado a otro en la sala de su escondite, moviéndose como un animal encerrado.—Te digo que Elena actuó muy raro en la tarde, Liam —le repitió Gabriel por tercera vez, sirviéndose un trago de licor para calmar los nervios—. Estaba tensa. Fingía sonreír, pero yo la conozco, sus ojos estaban llenos de miedo.Liam se detuvo en seco y apretó los puños. Su rostro marcado por la maldad se tensó aún más.—Y para colmo de males —continuó Gabriel, tomando un trago largo—, había dos hombres inmensos de la seguridad privada de Dante Vontobel cuidando la puerta del apartamento.—Esto no me gusta nada —gruñó Liam, con la voz llena de veneno—. Esos malditos gorilas no estaban en ese pasillo de adorno.—¡Te lo advertí! —le reclamó Gabriel, perdiendo la poca paciencia que le quedaba—. Te dije que ese tipo tiene mucho poder. Dante no es ningún idiota, nos estamos arriesgand
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