Mientras tanto, Claudia terminó de preparar la cena. Dispuso la mesa con esmero, alineó los platos y los cubiertos con precisión. Encendió las velas una a una, dejando que la luz cálida envolviera el comedor en una atmósfera íntima. Finalmente, acomodó las rosas en el florero, ajustándolas con delicadeza hasta que quedaron perfectas. Se detuvo un instante a contemplar el resultado, satisfecha, respirando hondo, como quien espera que la noche esté a la altura de sus expectativas.—¡Todo está perfecto! —suspiró y sonrió satisfecha al ver su trabajo de decoración.Para Claudia, aquella noche tenía un significado especial. Sería el momento en que le diría a Thiago que estaba embarazada. La emoción la desbordaba y la ansiedad por darle la noticia –que llevaba dos días guardando en silencio– crecía con cada minuto de espera. Todo estaba dispuesto; sólo faltaba él.Miró el reloj de pared; pronto serían las ocho de la noche. Debe estar por llegar, pensó, aferrándose a esa idea para calmar
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