21. Amarga soledad
Recordó cómo, cuando eran niños, él la evitaba, incluso no la dejaba jugar con él y con Auritz; y ella, cuando creció, comenzó a burlarse de él, de sus libros, de su afición por la literatura, de su decisión de abrir una librería en lugar de dedicarse a la vida segura del rancho familiar. ―¡Un librero! ¿En serio, Jaxon? ―le había soltado una vez con escarnio.Y él, en lugar de enfadarse, le había respondido con una simple encogida de hombros. ―Es lo que me hace feliz, Alba. Y eso, al final, es lo único que importa. Sin embargo, desde que la propuesta del "noviazgo falso" había surgido, las cosas habían cambiado. El diagnóstico de cáncer de Manuel había revelado una faceta de él que desconocía: la vulnerabilidad, la preocupación, la seriedad con la que abordaba temas como el futuro, el amor, la familia; y, por primera vez, lo había visto atractivo. Esa rebeldía que antes le molestaba, ahora la veía como audacia. Esa valentía para romper con lo establecido, para seguir sus sueños, la ha
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