Capítulo 31. Danna
—Bueno, esto es mejor que ir al gimnasio, ¿no? —comentó Alba con una sonrisa torcida mientras extendía los brazos.Jaxon, que ya estaba acostumbrado a su humor, soltó una carcajada. —Cuidado con lo que dices, Alba. Aquí el único gimnasio es el trabajo duro.Las horas pasaron entre el olor a heno y la risa. Ordeñar las cabras fue más complicado de lo habitual y, definitivamente, fue una experiencia curiosa; sin embargo, la limpieza del establo, con su olor característico de las heces y el cuidado de los animales, parecía no tener fin, resultando ser la tarea más pesada. La luna ya había recorrido un tramo del horizonte mientras terminaban, dejando tras de sí un rastro de sudor y cansancio, pero también de satisfacción. La tarde había avanzado lenta, pegajosa y llena de un silencio vacilante.Alba tenía el rostro manchado de sudor y leche, sintiendo que la preocupación comenzaba a adherírsele a la piel, porque a pesar de que Jaxon se movía con una eficiencia silenciosa, podía ver la angu
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