La noche había caído sobre la ciudad, y la luz cálida del casoplón se filtraba a través de los enormes ventanales, creando sombras que danzaban suavemente sobre las paredes. El silencio era distinto ahora: pesado, cargado de algo que no podía ignorar. Después de toda la tarde juntos, cada momento, cada gesto, cada palabra, había dejado un rastro de tensión que parecía acumularse en el aire, esperando a estallar.Yo estaba sentada en el sofá, la manta cubriéndome las piernas, intentando respirar con normalidad, aunque sabía que ya no podía engañarme. Cada vez que lo miraba, mi corazón se aceleraba, y sentía cómo mi cuerpo respondía de maneras que no tenía intención de controlar. Adrián estaba cerca, apoyado en el respaldo del sofá, su postura tan ruda y segura como siempre, pero ahora había algo diferente en su mirada. Intensidad, deseo contenido, una certeza que me decía que esa noche nada sería igual.—Mm… —susurró, rudo y provocador, inclinándose un poco hacia mí—. Todo el día he es
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