Era viernes por la tarde, y la oficina se vaciaba poco a poco. El aire estaba cargado de cansancio acumulado, pero también de anticipación. Sabía que él estaba allí, esperando, y la idea me hacía sentir una mezcla de nervios y curiosidad que no podía ignorar.
—Señorita Ruiz —dijo Adrián mientras me alcanzaba en el pasillo, rudo y grave—. ¿Ya revisaste los informes de esta semana?
—Sí —respondí, intentando sonar tranquila—. Todo está listo para la reunión.
Se inclinó ligeramente para mirar los p