El sol se colaba entre las cortinas, dibujando rayos dorados sobre el departamento. Alejandra despertó con la piel aún sensible, el corazón acelerado, y una mezcla de emociones que no podía ordenar. La noche anterior seguía viva en su mente: el accidente, la cercanía, el beso… y cómo él se había apartado después, como si nada hubiera ocurrido.Se sentó en la cama, envuelta en la toalla, y respiró hondo. Cada fibra de su cuerpo parecía reclamarlo, pero su mente sabía que Sebastián ya había puesto la distancia. La sensación era contradictoria: quería acercarse a él, hablarle, exigir una explicación… y al mismo tiempo, sabía que su frialdad era implacable.Decidió levantarse y vestirse. Mientras pasaba frente al espejo, recordó cada detalle de la noche anterior. La fuerza con la que la había sostenido, el calor de su cuerpo, la presión de sus labios contra los suyos… y cómo, al separarse, había vuelto a su actitud habitual: calculadora, distante, fría. Un escalofrío recorrió su columna.
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