La ducha había sido caliente, un alivio después de un día largo y estresante. Alejandra salía envuelta en la toalla, con el cabello húmedo, cuando la superficie del piso traicionó sus pies: un resbalón inesperado la hizo perder el equilibrio.En un instante de pánico, sintió cómo su cuerpo caía hacia atrás. Justo cuando pensaba que golpearía el suelo, unas manos firmes la atraparon. Y no cualquier manos: las de Sebastián.Sus cuerpos quedaron tan cerca que el calor de él se fundió con el suyo. Su respiración estaba acelerada, y Alejandra sintió un cosquilleo en todo el cuerpo, mezcla de sorpresa, adrenalina y… otra cosa que no esperaba.—Cuidado —dijo él, con la voz baja, grave y cercana.Su rostro estaba a centímetros del de ella. Alejandra podía sentir su respiración en su piel, el aroma del hombre que la tenía atrapada. Un calor intenso subió por su cuello hasta el rostro. No podía moverse, ni hablar. Solo sentir.Los ojos de Sebastián se encontraron con los suyos, y por un segundo
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