El sol se colaba entre las cortinas, dibujando rayos dorados sobre el departamento. Alejandra despertó con la piel aún sensible, el corazón acelerado, y una mezcla de emociones que no podía ordenar. La noche anterior seguía viva en su mente: el accidente, la cercanía, el beso… y cómo él se había apartado después, como si nada hubiera ocurrido.
Se sentó en la cama, envuelta en la toalla, y respiró hondo. Cada fibra de su cuerpo parecía reclamarlo, pero su mente sabía que Sebastián ya había puest