Alejandra llevaba más de una hora dando vueltas en la cama. Sebastián dormía —o al menos eso parecía— de espaldas a ella, con esa distancia calculada que se había vuelto rutina. El silencio era tan denso que le zumbaban los oídos.
No podía dejar de pensar en Daniel.
No porque quisiera volver con él… o eso se repetía una y otra vez. Era más bien la sensación de haber sido abandonada cuando más lo necesitaba, una herida que aún no cerraba del todo. Y ahora, atrapada en un matrimonio falso, con un