La luz del final de la tarde atravesaba los paneles de vidrio del edificio de Carter Enterprises con suavidad, tiñendo el ambiente de dorado. Abajo, la ciudad parecía respirar con más calma. Sin sirenas, sin llamadas urgentes. Era como si Nueva York, por un breve instante, hubiera decidido dar una tregua. El mundo, de repente, parecía sonreírle a Ethan Carter… y él le devolvía la sonrisa.Después de meses sumergido en investigaciones, noches sin dormir, amenazas y una guerra silenciosa contra la locura de Miranda, los días finalmente parecían normales. Pero no un “normal cualquiera”. Era un nuevo tipo de normal: lleno de pequeñas alegrías, dulces esperas, silencios acogedores y risas inesperadas.Helen estaba en casa, alejada de la empresa por órdenes médicas y, por supuesto, por la insistencia incansable de todos. Con la barriguita ya visible y la energía un poco más contenida, pasaba los días entre almohadas, hojas decoradas con temas para la fiesta de revelación y sesiones improvis
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