La lluvia no daba tregua. Gotas pesadas resbalaban por el parabrisas mientras Ethan conducía en silencio, los ojos fijos en la carretera, pero la mente distante, aún atrapada en aquella noche sombría. El volante firme entre sus manos era el único vínculo que lo mantenía anclado a la realidad.
El olor del cuero del coche se mezclaba con el perfume de la tierra mojada que entraba por la rendija de la ventana entreabierta. A su lado, James lo acompañaba en silencio, respetando el peso que Ethan ll