La cocina era un caos controlado. Helen intentaba poner la mesa con dignidad, aunque seguía roja como un tomate. Ethan, ya vestido —al menos de la cintura hacia arriba— preparaba el café como si nada hubiera pasado. ¿Zoe? Zoe caminaba de un lado a otro con la bolsa en las manos, todavía recuperándose del “shock visual”.
—Yo solo quería entregar pan de queso… ¡y vi a mi hermano armado! —repetía por décima vez—. ¡ARMADO, Helen! ¡Con munición y todo! ¡En pleno campo de batalla!
Helen rió, aún inte