—¡Te tengo! —repitió esa voz familiar, pero esta vez la sentí como si estuviera dentro de mi cabeza.Me seguía sintiendo aturdida, aunque mi mente comenzaba a despertarse. Estaba pesada y recostada sobre algo blando. Olía a lavanda, era un olor agradable, pero aún así sabía que estaba en medio de un ambiente que se enrarecía conforme pasaban los minutos sin que pudiera levantarme.Pese a que mi mente estaba regresando a lo que me había pasado, mis brazos y piernas seguían agarrotados, sin responder. Parecía que solo mis sentidos, el olfato, el tacto, el oído, estaban respondiendo, lo mismo que mi memoria.Regresé a los últimos instantes, antes de caer. Entonces sentí de nuevo mi pie, cuando resbalé, sin fuerzas, y caí. Me habría hecho un daño considerable si esos brazos no me hubiesen sujetado a tiempo.—¡Te tengo! —repitió esa voz familiar, pero no era del primer sujeto o, mejor dicho, no era eso lo que estaba diciendo, sino otra cosa. Era la misma voz, del mismo sujeto, era la voz d
Ler mais