La fiesta seguía vibrando bajo la carpa de cristal, pero para Alessandro y Audrey, el mundo exterior había empezado a desvanecerse en un segundo plano borroso. Tras el último baile y los brindis finales, llegó el momento de la partida. La despedida fue una mezcla de risas, abrazos apretados y alguna que otra lágrima de nostalgia anticipada.—Pórtense bien con el tío Marcus, ¿entendido? —advirtió Alessandro, agachándose para quedar a la altura de los gemelos, quienes lucían algo desaliñados por el juego—. Él está al mando, pero Jennifer tiene la última palabra.—¡Lo sabemos, papá! Traenos un regalo de Italia —pidió Matthew con una sonrisa traviesa.Audrey abrazó a Olivia, un gesto que hace meses habría sido impensable y que ahora se sentía como el cierre de una herida profunda. Luego, se acercó a Jennifer para darle un beso rápido a un Maxwell que ya cabeceaba en sus brazos.—Gracias por todo, Jen. Confío en ustedes —susurró Audrey.—Vayan y no miren atrás —respondió Jennifer, intercam
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