Cinco meses después...
La mañana de la boda no se manifestó con el estrépito de las grandes celebraciones, sino con una luz dorada y serena que se filtraba por los ventanales de la suite principal, como si el mismo cielo de primavera hubiera firmado una tregua para Audrey. El aire en la habitación estaba impregnado de una mezcla embriagadora de laca para el cabello, perfumes franceses y el aroma fresco de los arreglos de peonías que ya decoraban cada rincón.
Alessandro, fiel a su naturaleza de