Amelia le dio las gracias a la empleada de los Smirnov en cuanto dejó su plato sobre la mesa. Esperó prudentemente a que todos tuvieran el suyo y entonces empezó a comer, lo más educadamente que pudo.Llevaba apenas unos segundos cuando se dio cuenta de que las personas a su alrededor estaban en completo silencio.Levantó la mirada y descubrió que todo el mundo la estaba observando con distintos grados de diversión, aunque desviaron la vista de inmediato, a excepción de Sergey.—¿Qué sucede? —preguntó.—Vaya, que tenías hambre, cuñadita.Dimitri le lanzó a su hermano una mirada dura. Sergey siempre aparecía con alguno de sus comentarios desatinados. Pero bueno, era su cabeza la que acababa de poner en juego, y él no pensaba intervenir si su esposa decidía abalanzarse sobre su hermano con un tenedor.—Estoy creando un bebé en este momento. Por supuesto que tengo hambre. Tú, sin embargo, no recuerdo que estés creando nada y, aun así, siempre que nos hemos reunido te he visto comer como
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