Amelia se quedó en silencio, con un nudo en la garganta y los ojos escociéndole. Pero no iba a llorar. No delante de Dimitri.
—Escucha —dijo él, con voz suave—. Me preocupo por ti y por nuestra hija. Pero mi trabajo siempre será mi prioridad y…
—Lo entiendo —lo interrumpió ella, levantándose de la cama.
No quería seguir escuchándolo, menos si le iba a volver a decir lo mismo.
Nunca debió haber creído que su preocupación… ni la forma en que la tocaba, en que la hacía sentir… significaban que é