Amelia daba vueltas en la cama sin poder dormir. Eran más de las once de la noche y Dimitri aún no había llegado. Se sentía extraño estar sin él a su lado, sin sus brazos rodeándola, sin el calor de su cuerpo cerca del suyo.
Durante las últimas semanas él había empezado a llegar más temprano; incluso aparecía antes de la hora de la cena para que pudieran comer juntos. Las últimas dos noches, sin embargo, le había enviado un mensaje diciéndole que tenía trabajo que hacer y ella había tenido que