Amelia se despertó debido a una presión incómoda en la vejiga. Intentó moverse, pero un peso firme sobre su cintura no la dejó avanzar mucho. Tardó un segundo en recordar que no se había ido a la cama sola.El calor le subió al rostro al evocar la noche de bodas. No había estado en sus planes acostarse con su esposo tan pronto… aunque, siendo realista, no podían pretender estar casados el resto de sus vidas sin compartir la cama. Lo que había ocurrido era, en cierto modo, inevitable. Y, si era completamente sincera consigo misma, tampoco había sido del todo indeseado.Giró ligeramente la cabeza para mirar por encima del hombro. Dimitri dormía profundamente. Su expresión, casi siempre severa, se veía distinta en reposo… más joven, menos intimidante.Bajó la mirada hacia el brazo que la retenía. Con cuidado, tomó su muñeca y lo levantó apenas, intentando deslizarse fuera de la cama sin despertarlo.—Si estás planeando escapar otra vez —murmuró él, con la voz aún cargada de sueño—, debo
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