Sergey estaba ansioso. Había pasado los primeros días después de la publicación del artículo intentando convencerse de que no le debía ninguna explicación a Lily, pero para cuando llegó el jueves, la culpa se había instalado en su conciencia y se sentía como un completo desgraciado.Por eso había decidido ir a verla. Solo quería aclarar las cosas, nada más. Sin segundas intenciones. Después, volvería a casa. Sin embargo, había tenido que esperar hasta el sábado para tomar un avión. No podía abandonar la empresa así como así; su hermano lo mataría si se atrevía a hacerlo mientras negociaban un nuevo contrato.En cuanto aterrizó, se dirigió directamente a la cafetería donde trabajaba Lily.Tan pronto como la mirada de Tinsley se posó sobre él, supo que ella había visto el artículo y, por lo tanto, Lily también lo había leído. La última esperanza de que no fuera así se desvaneció al instante.Tinsley hizo una mueca.—No hay café —dijo con voz dura—. Ni postres. De hecho, no hay absolutam
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