Lily estaba considerando vaciar la taza de café sobre la cabeza del hombre trajeado. De hecho, la imagen mental de él empapado en café era lo único que mantenía vivo su escaso buen humor.El tipo primero se había quejado porque su pedido había tardado demasiado y, casi de inmediato, porque su café estaba demasiado caliente. Ella se lo había llevado de vuelta y lo había pasado a otra taza. Ahora, al parecer, su bebida tenía demasiada leche y muy poco café. Era obvio que el tipo no sabía nada de café. Lily había probado café en algunos de los mejores lugares del mundo y ahora preparaba de los mejores que podían conseguir por el precio que pagaban. Nadie estaba mejor calificada que ella para decir que la bebida era perfecta. —Sí, por supuesto, señor. —Le dedicó una sonrisa fingida antes de darse la vuelta y regresar al mostrador, consciente de cómo la mirada del hombre descendía hasta su trasero apenas le dio la espalda—. Pervertido —susurró.Dejó la taza sobre la mesa de preparación.
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