Sergey salió del baño con una bata en la mano y la dejó sobre la cama.
—Desvístete —ordenó, mirando a Lily, que estaba sentada en el sillón junto a la ventana.
Al final había terminado accediendo a ir con él, lo que suponía un verdadero alivio. No habría podido dejarla sola cuando existía la posibilidad de que volviera a sentirse mal.
Durante el trayecto hasta el hotel no había dejado de insistirle con una botella de agua para que se mantuviera hidratada. El color había regresado a sus mejillas