Sergey siguió a la anfitriona hasta una de las mesas del restaurante.
—Esta es su mesa.
—Muchas gracias.
—¿Le gustaría algo de beber mientras espera a su acompañante?
—Un vodka.
—Enseguida se lo traigo.
Cuando la mujer se alejó, Sergey sacó el celular y abrió su conversación con Lily. Una sonrisa apareció en sus labios al releer sus últimos mensajes. La noche anterior habían discutido por algo tan ridículo que ahora resultaba imposible no encontrarlo divertido.
Le escribió para preguntarle qué