Lily soltó una carcajada mientras se llevaba unas papas fritas a la boca. La tensión entre ella y Sergey se había disipado poco a poco. Él había puesto una película de comedia sorprendentemente buena y las risas no habían tardado en llenar la habitación.
Aunque su orgullo jamás le permitiría admitirlo, la estaba pasando muy bien. No solo disfrutaba de la comida o de la película, sino también de la compañía de Sergey.
Lo miró por el rabillo del ojo y, sin poder evitarlo, una sonrisa se dibujó en