—Hola, Dante —dijo ella, con una amabilidad que me hizo apretar los dientes—. Sí, el día se nos ha escapado un poco de las manos.Se giró hacia mí, y aunque estábamos compartiendo una mesa de forma íntima, su voz recuperó ese tono profesional que habíamos pactado para el mundo exterior.—Dante, te presento a Gabriel Calvelli. Es mi jefe en la estación de bomberos. Gabriel, él es Dante, un viejo colega de Noah de la capital.—Su jefe, ¿eh? —Dante extendió la mano hacia mí con una firmeza que no pude evitar respetar, aunque por dentro quería sacarlo del restaurante por el cuello—. Mucho gusto, Capitán. Noah me ha hablado mucho de usted. Dice que es el mejor en lo que hace, aunque un poco... rígido con los horarios.—Hago mi trabajo, Dante. Mucho gusto —respondí, estrechándole la mano con una presión que dejaba claro que no estaba de humor para charlas triviales—. Y sí, los horarios son importantes cuando hay vidas en juego.Dante soltó una risa ligera, volviendo a mirar a Isabella. Igno
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