Victoria despertó con la luz del sol bañando la habitación. Su primer pensamiento, casi instintivo, fue para la figura de Daniel, que aún permanecía ahí. "Se le hizo tarde o simplemente se dio el lujo de faltar por ser el jefe", reflexionó para sí misma, con un matiz de ironía. Se levantó sin hacer ruido, se cambió y bajó las escaleras. La noche anterior con Estefany había sido un bálsamo necesario; hacía mucho que no disfrutaba de esa complicidad sin el peso de los Meléndez sobre sus hombros. Tras servirse un café en la cocina, salió decidida, conduciendo el auto que acababa de comprar, con el único objetivo de adquirir uno que finalmente cumpliera con los "estándares" de su futuro esposo. Mientras tanto, en la penumbra de la biblioteca, el ambiente era radicalmente distinto. Daniel revisaba documentos en su tablet, envuelto en un silencio que solo se rompió cuando Julián cruzó el umbral con una expresión inusualmente sombría. —Quería verme, señor —dijo Julián, deteniéndose frent
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