Victoria estaba distraída, el tintineo de la cuchara contra la porcelana era el único sonido en la habitación mientras removía su café sin verdadera intención de beberlo. El silencio se rompió cuando su teléfono vibró con una insistencia que le erizó la piel.
Al encender la pantalla, el mensaje de Daniel apareció como una orden cifrada: “Necesito que vayas al Blackwood en media hora”.
Victoria frunció ligeramente el ceño, el nombre no terminaba de encajar en su memoria.
—¿Qué es Blackwood