En una de las habitaciones de la mansión Meléndez, la calma era casi irreal, una burbuja de seda y encaje que aislaba a Victoria del caos exterior. El vestido blanco caía sobre su cuerpo con una perfección arquitectónica, pero mientras las asistentes se retiraban, dejando solo a Estefany a su lado, el peso de la prenda parecía ser más emocional que físico. Frente al espejo, Victoria apenas lograba reconocer la imagen que le devolvía el cristal. Al acomodar el velo, sus manos temblaron levemente, y en ese instante de vulnerabilidad, los recuerdos de Lily Rivera irrumpieron con una nitidez dolorosa. “El día que te cases será el más feliz de tu vida. Te lo prometo.” La voz de su madre resonó en su mente, trayendo consigo la calidez de una tarde lejana donde los vestidos sobre la cama y las risas compartidas eran la única preocupación. Aquel sueño de juventud contrastaba violentamente con su presente: una boda cimentada en contratos, amenazas de figuras como Brenda o Mateo Villalba,
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