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Al día siguiente, la oficina de Daniel se había transformado en un búnker de actividad silenciosa. A pesar de las advertencias médicas, él ya estaba sentado frente a su escritorio junto a Julián, aunque su palidez delataba que la recuperación apenas comenzaba. Victoria se movía por el espacio con una diligencia suave, paseándose de un lado a otro para organizar los papeles y entregárselos directamente en la mano, evitando que él tuviera que hacer el más mínimo esfuerzo con su hombro herido.

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