Gael se puso de pie con dificultad, cada movimiento era una lucha contra el dolor de su cuerpo maltratado. Sus ojos recorrieron el rostro de Victoria con una avidez desesperada, como si necesitara confirmar a cada segundo que ella no era una alucinación, que ella también era real.
—Victoria… —murmuró su nombre como una plegaria.
Ella no pudo contenerse más; el muro de estoicismo que había levantado durante meses se derrumbó. Corrió hacia él y se aferró a su cuerpo, enterrando el rostro en su