La casa estaba en silencio.No era un silencio incómodo. Era contenido. Como si el mundo, por unas horas, hubiera decidido no interrumpirlos. Elena estaba en el jardín, sentada bajo la sombra de un ciprés. Tenía un libro abierto sobre el regazo, pero no avanzaba. Su mirada se perdía entre las terrazas verdes que descendían hacia el valle. A lo lejos, Florencia se extendía como una pintura. Escuchó pasos detrás de ella. No necesitó girarse. —Tengo una idea —dijo Xander. Elena alzó apenas una ceja. —Eso nunca suena bien. —Podríamos hacer un picnic. Esta vez sí se giró. Lo miró en silencio, procesando. —¿Estás bromeando? —preguntó finalmente. Xander negó con la cabeza. —No. Se acercó un poco más, con una calma que no era habitual en él. —De chico… mamá solía hacerlo. En la isla, pero también en el campo cuando viajábamos. Algo cambió en su voz, fue sutil pero suficiente,Elena lo notó. —¿Y te gustaba? Xander sostuvo su mirada un segundo. Luego asint
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